No estoy hablando de la gripe A, que nos cuentan que se extiende como la peste por los mundos y que dentro de nada nos va a atacar a todos (y eso que en realidad se cura igual de rápido e igual de fácil que otra gripe cualquiera)
No estoy hablando de la crisis, del Falcon de Zapatero, de la campaña de las europeas, del juez Garzón, de la píldora del día después, de la Operación Gürtel (y eso que me paso el día en ello)
Ayer ocurrió algo mucho más importante (y eso que no ha salido en las portadas! XDDDD):
Cualquiera que haya pasado por aquí, o que se haya cruzado conmigo alguna vez seguro que ya sabe lo que es Higuera. Pero, ¿y si quedara algún despistado en este vasto mundo?
Tranquilos: Higuera de Albalat ya existe virtualmente. Y no estoy hablando de Facebook, que fue un paso importante, sin duda. Estoy hablando de Wikipedia. Y eso sí es LA noticia! XDDD
El escritor Luis Sepúlveda se preguntaba hoy en un artículo en el diario Público "de qué sirve" desde un "punto de vista informativo" utilizar a los afectados y las imágenes de su dolor para explicar la tragedia. En su opinión "algo hay que revisar en la manera de hacer periodismo", porque "no vale todo para mantener la cuota de pantalla, y menos aún cuando cientos de personas pierden a seres amados y sólo les queda el puro dolor".
Estoy de acuerdo. Ayer la redacción se convirtió en un constante ir y venir de lágrimas, de gritos de dolor, de historias que dañan lo más profundo del alma con solo escucharlas. Y no solo la redacción: los periódicos que circulan por el metro, la radio que tenía puesta Julio cuando atravesé el portal, la tele a la hora de la comida, de la merienda, de la cena, del desayuno de hoy.
No puedo con tanto dolor. Estoy saturada. Y lo que más miedo me da es que, de tanto oír llantos, al final los llantos dejan de dolerte. Si me pasa a mí, supongo que también le pasa al resto. Por lo mismo que no nos morimos de la pena cuando sale el último recuento de los muertos de Irak, ni cuando vemos los tanques arrasando Georgia, o a los niños africanos hinchados de hambre, y tantas tragedias más...
Viene a decir Luis Sepúlveda que los medios mandan a sus becarios a preguntar directamente a quienes vean sufrir quién se les ha muerto en el avión. No me gusta la referencia a los becarios, suelen ser tan profesionales como los mejores periodistas. Pero ayer acabé gritando a Leo que no me puedo creer que se meta un micro a alguien que llora desesperado para preguntarle "¿qué te falta?". Me indigno. Me siento cómplice, porque también soy periodista. Y me avergüenzo.
A veces no sé si soy mala periodista porque me parece lamentable el trato que se da a quien sufre y porque sería incapaz de preguntarle a una viuda qué siente al perder a su marido, o a una madre qué siente al perder a su hijo, o a un hijo qué siente al perder a su padre. "¿De qué sirve?". Me quedo con la pregunta de Luis Sepúlveda.
Estoy un poco harta del periodismo del "todo vale". Soy una fiel defensora del derecho a la información, lo considero un derecho fundamental, trabajo por ese derecho a diario. Pero algunas cosas, como sacar por activa y por pasiva el sufrimiento de estas personas, deberían anteponerse al derecho a la información. Sobre todo porque el uso de ese dolor no informa absolutamente de nada... Vamos, creo yo.
(Perdonad la chapa, pero llevo dos días y medio en los que mi vida se ha reducido a hablar y escuchar sobre el accidente. A veces pienso que cuando soñé con el periodismo no soñé con esto, no sé…
Lo mismo, pero más informativo, más corto y menos indignado, lo he publicado en El Plural. Por si todavía os quedan ganas… De todas formas, me gusta más esta versión 2.0 =)
La foto, de la edición en papel de Público

Veo el ojo que me mira, no sé qué esperáis de mí. Yo que muero cada día que tú te olvidas de mí... Soy un pez en una jaula, lo que quiero y lo que no, soy todo lo que me pasa... Tú me ves, yo no... (Fito&Fitipaldis)
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