Orange Green Pink

El ojo que te mira

Agujero


Si vienes,
y te veo,
y tus manos me recogen.
Y si te vas
y te pierdo,
y te conviertes en mis sueños.
Si me miras
y tus ojos son espejo,
y te sonrío.
Y si te quedas,
y te siento entre mis brazos,
y me entrego...
No te escapes,
ni te escondas,
que te espero...
Quédate
esta noche
en mi agujero...




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Etiquetas: Cuentos, Marea, Música edit post

Dulce introducción al caos...


Se lo robo a mis queridos AchoCreadores de ACHOROCK, que dieron la noticia en primicia...

Y es que lo nuevo de Extremoduro ya está aquí, y me he enganchado, no paro de oirla!!

Que grandes!!! Que ganitas de concierto!!!

Ale, disfrutadla, y pasaros por AchoRock, que han colgado la letra...



Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas,
se paró el aguacero, ahora somos flotando dos gotas...
3 miradas | Lo ha visto Virginia Vadillo

Etiquetas: Extremoduro, Música edit post

El genio de la lámpara


De sopetón, se encontró con el genio de la lámpara. Llevaba años, quizás toda la vida, esperando aquel momento. Había pasado horas y horas amasando los tres deseos que pediría cuando se topase con él, y los deseos habían ido cambiando, pero siempre había tres, los tres más importantes, esperando tranquilamente por si acaso aparecía. Y resulta que, en aquel preciso instante y en ningún otro, se encontró con él cara a cara.

El genio esperaba a que pidiese y tenía una sonrisa como de burla. Durante un segundo sintió miedo, por si le estaban tendiendo una trampa. La sonrisa del genio le asustaba. Pero al final, se decidió a rescatar sus tres deseos. Poder formularlos era algo que siempre había deseado.

Recordó las normas: nada de pedir más deseos. Cuando no tienes ninguno, piensas que te conformarías con tres, pero cuando tienes esos tres ante ti, se te ocurren un cuarto y un quinto. Pasa siempre, siempre queremos más. Luego, hay que tener mucho cuidado con cómo se pide lo que se pide. El más mínimo fallo hace que el genio te de algo que realmente no querías. Hay que ser minucioso en la descripción y no dejar ningún cabo suelto.

El genio, pese a tener toda la eternidad por delante, parecía impacientarse. Su sombra sobre él era cada vez más grande, y le dificultaba pensar. Cerró los ojos y trató de recordar cuáles eran los tres últimos deseos que tenía en mente. Lo primero que se le vino a la cabeza fue el pelo negro y brillante de Aída. Pensó que lo que realmente desearía era tenerla a su lado. Pero esa era otra de las normas. No podía pedir amor.

Así que se concentró en las cosas materiales. Se acordó de su deseo de dar la vuelta al mundo y estuvo a punto de pedirlo, pero se quedó callado, mirando el turbante del genio. Pensó que dar la vuelta al mundo sin compañía no tiene sentido. Pensó en quien se reiría cuando él se probase un turbante como el del genio, o quién le ayudaría a explicarse en inglés, o con quién compartiría una comida exótica, un baño durante la noche en las playas del Caribe, un baile en el África oriental.

Cambió de idea, y decidió pedir sabiduría, pero lo desechó enseguida: no quería pasar el resto de su vida sin tener nada que aprender. La inmortalidad estaba desechada desde el principio, no quería ver pasar a sus hijos, y a sus amigos, y a los hijos de sus hijos, y a los hijos de sus amigos, y seguir allí. Y mucho menos quería poder: el poder siempre va atado a la responsabilidad y, además, es corrosivo.

Volvió a las cosas materiales, pero enseguida descartó también pedir una gran mansión o un gran coche o un gran yate: cualquiera comprendía que aquello, en unos años, habría perdido la mayor parte de su valor. Decidió pedir dinero cuando vio su reflejo en el aro de oro del genio. Con el dinero podía comprar cualquier cosa. Se inquietó al ver que con un deseo sería suficiente, y notó un ligero sudor al comprobar que iba a desperdiciar los otros dos. Nunca pensó que le sobrasen deseos. Comenzó a desesperarse buscando deseos inteligentes, importantes, duraderos… realmente deseados.

Sintió que se le acababa el tiempo, que iba a desperdiciar sus tres oportunidades, que se le escapaba el día soñado ahora que lo tenía delante. Deseó no estar atormentado por la idea de quedarse sin deseos. Deseó tener más tiempo antes de encontrarse con el genio para meditar con calma lo que iba a pedir. Deseó tener una necesidad acuciante para poder desear acabar con ella. Deseó no haberse encontrado con el genio... y formuló, sin querer, el deseo en voz alta:

-¡Ojalá no me hubiera encontrado ahora con el maldito genio!

Como había llegado, de sopetón, el genio de la lámpara comenzó a esfumarse ante su mirada atónita. La sonrisa burlona del genio se había convertido en carcajada: desde que lo encerraron en su lámpara, se había topado ya con tantos que, como él, acababan por desear no haberlo encontrado...

Parpadeó y se encontró solo en una esquina de la plaza, con una nebulosa extraña en la cabeza y una idea confusa de la silueta de un genio. Pero se sacudió aquellas formas de la cabeza cuando vio acercarse a lo lejos el pelo negro y brillante de Aída.

la foto es de las fallas de 2007

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Etiquetas: Cuentos edit post

¡¡Leed, malditos!! XD


Aprendí a leer cuando tenía cinco años, en el cole de Romangordo. Me acuerdo que luego, cuando llegué a Madrid al año siguiente, el libro de aprender a leer era el mismo, así que al final me lo aprendí de memoria.

Ahora todavía me acuerdo de algunas cosas de aquel Libro de Borja (aunque el mío tiene la portada amarilla con miles de Pancetes pequeñitos XDD), que tengo en Higuera y que no les dejo tocar a María ni a Laura, porque bastante perjudicado está ya. Me acuerdo sobre todo de algunos dibujos, de la letra, y de algunas historias, como la del pipero Baldomero y la del empacho de cerezas el día de la excursión. El libro empezaba: "Borja era un niño de mejillas coloradas y nariz color de zanahoria". Ahora lo pienso y me parece una frase bastante complicada para niños de seis años: "coloradas" es una palabra que no se usa mucho, y "zanahoria" es una palabra difícil.

El caso es que desde entonces no he dejado de leer. Novelas, poesía, libros de texto, o a veces solo el periódico. O los apuntes. Pero luego leer es un vicio. Y bueno, hoy es el Día del Libro. No voy a comprarme ninguno ni nada, pero esta mañana ya he leído unas cuantas páginas en el metro y siete periódicos en el trabajo. Lo hubiera hecho aunque no fuese hoy el Día del Libro, pero si ese día le descubre a alguien por casualidad el placer de la lectura, pues... ¡bienvenido sea!

¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!

foto

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Etiquetas: cosas..., Literatura, Personal edit post

...poco...


...que el mundo es poca habitación
para aquel que gira,

y el suelo es poco colchón...



{Barricada}

foto
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Etiquetas: Música edit post

Te encuentro


Te apareces. Como sombra entre los árboles, como la risa de un niño. Y puedo dibujar tu silueta a contraluz con mis manos, pero decido esperarte con tu paso tranquilo y tus latidos distantes. Y te apareces y te acercas.

Te acercas. Como el final de un invierno de deshielo, como el principio de un mundo o de una estrella. Y tiemblo mirando tu corazón y tus manos, y tus pasos torpes de niño distraído, pero decido creerte eterno y sencillo, como si fueses a vivir entre mis brazos. Y te acercas y te quedas.

Te quedas. Como los días de sol y de playa, como las horas eternas de octubre. Y muerdo mi carne aguardando la tuya, pero decido avanzar con las manos y tocarte y sentirte y tenerte. Y te quedas y te encuentro.

Y te encuentro.

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Etiquetas: Cuentos edit post

Te pierdo


Te escapas. Como agua entre los dedos, como humo de mi boca. Y trato de retenerte entre mis brazos, pero eres efímero y etéreo, esquivas mis golpes, mis preguntas, mis miradas. Y te escapas y te borras.

Te borras. Como huellas en la arena cuando sube la marea, como una pizarra inmensa bajo la mano de un niño. Y busco tu perfil, tus trazos y tus formas, pero eres a lápiz o a tiza o a agua. Y te borras y te esfumas.

Te esfumas. Como un espejismo ante un desierto sin oasis, como un sueño rasgado por el despertador. Y trato de encontrar tu esencia, un resto del olor de tus besos, pero eres irreal como un poema, inexistente como un verso, y extraño y lejano y hueco. Y te esfumas y te pierdo.

Y te pierdo.

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Etiquetas: Cuentos edit post
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Veo el ojo que me mira, no sé qué esperáis de mí. Yo que muero cada día que tú te olvidas de mí... Soy un pez en una jaula, lo que quiero y lo que no, soy todo lo que me pasa... Tú me ves, yo no... (Fito&Fitipaldis)

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