Sólo es cuestión de tiempo y paciencia encontrar la llave que abre la puerta sin necesidad de forzar la cerradura. Es un trámite fácil, que se consigue a base del método de ensayo-error o, incluso en ocasiones, por mera intuición.Cosa bien distinta es reconocer la cerradura adecuada, la que estamos deseosos de abrir, aquella a cuyo contenido nos interesa acceder. Y ese sí es un asunto difícil de solucionar, y la verdadera cuestión capital de la búsqueda que nos ocupa.
Podría darse -y a menudo ocurre- que, llevados por la pasión del momento, por los nervios, por los miedos, nos lanzáramos sin remedio a utilizar una llave cualquiera, una llave maestra incluso, y hacer con ella girar unos engranajes que en absoluto son de nuestro gusto o preferencia. Esta situación suele darse ya sea por convenciones sociales, por comodidad, por no salir de lo estipulado, entre otras razones varias.
Si bien el usuario de cerraduras y llaves tiene legitimada elegir esta opción, hemos de advertirle de que, en general, este tipo de aperturas suelen ser insatisfactorias para el sujeto ejecutor. Así pues, y en virtud de su propia felicidad personal, le recomendamos que centre su búsqueda, en primer lugar, en la elección de la adecuada cerradura o, en su defecto, la que más convenga a sus intereses en el momento del acto. Una vez clarificada esta elección, el encuentro de la llave le vendrá dado, sin duda, con la facilidad de las circunstancias.


